Discapacidad, Tecnología y Dependencia.

Creado el 2015-11-13 02:46:37 por Adriana Martínez Sans

 

Seguramente nunca hasta ahora se ha producido en la historia de nuestra civilización la confluencia de dos acontecimientos de extraordinaria importancia para la organización social de nuestras poblaciones. Nos referimos al acelerado avance tecnológico por una parte y por otra al envejecimiento de la población. Respecto al primer aspecto observamos que existe una continua aportación de nuevas tecnologías en el espacio doméstico y empresarial. Esta época del fin de año se caracteriza, entre otras cosas, por un empujón notable en alguna de las tecnologías de la información o de la imagen, para introducirlas en los domicilios, en definitiva para hacer la vida un poco más electrónica.

Pero lo que es más importante, para el tema que nos ocupa, es que el ritmo de aparición de nuevos modos de comunicación- telefonía, fotografía, vídeo- y de acceso a la información -Internet, música, buscadores, servicios- sigue creciendo. Por otra parte los datos referidos al envejecimiento de la población con su impacto en los modos de vida habituales, nos indican que en 2029 la mitad de los habitantes de Euskadi tendrá más de 55 años, el 10% de la población tendrá más de 80 años o que habrá más de 3.000 personas centenarias.  

Estos dos fenómenos tienen sus orígenes en el pasado siglo, porque sin duda el alargamiento de la esperanza de vida desde los 40 a los 80 años en sólo un siglo obedece a los avances en la salud  y en la higiene, frutos de la tecnología en los campos médicos, clínicos y sanitarios. Pero si los observamos con la visión de hoy y del futuro, pueden darnos nuevos motivos de reflexión y sobre todo, de emprender una actuación inteligente a futuro respecto a los tres términos interrelacionados de discapacidad, tecnología y autonomía. El término discapacidad no es un término absoluto, que identifica la capacidad de una persona, sino que es un valor relativo respecto al entorno en el que la persona, sea quien sea, se desenvuelve. En este sentido, es obvio que un avance tecnológico de gran velocidad crea discapacidad a quienes por motivos diversos no tienen el interés o los recursos personales, sociales o económicos para adaptarse a dichos cambios.  

Es decir, la discapacidad puede estar creciendo por la introducción de diversas tecnologías y en particular las de la información, que son las que tienen más impacto social, si no se construyen con un diseño adaptado a los usuarios futuros de la misma. Un diseño -con sus posibles variantes- debe ser considerado de calidad sólo si abarca un colectivo casi total de posibles usuarios, de distintas edades y capacidades físicas, sensoriales o psíquicas. El llamado “diseño para todos y para cada uno”, es una cuestión de 

cómo se aplica la tecnología a los distintos dispositivos que nos ofrecen quienes comercializan las nuevas y las antiguas tecnologías. La tecnología puede ser tan amigable como quieran hacerla quienes diseñen, si es que piensan en todos los posibles usuarios, y no sólo en ese 80% de mercado objetivo, desdeñando su uso para el resto. La discapacidad puede reducirse si el diseño para todos se convierte en una norma tecnológica impuesta por una sociedad que desea cumplir sus principios de igualdad de derechos, pero llevados a la práctica.  

Este problema lo soslayamos diciendo que los nuevos inventos son para los más jóvenes, pero esta actitud encierra un gran peligro que es la aparición de una nueva dependencia que será la de los “analfatrónicos” del presente y del futuro. Pongamos un ejemplo. Una persona aficionada a la música necesita estar al día, tenga la edad que tenga, sobre los nuevos formatos mp4, y sucesivos, si quiere poder disponer de los contenidos actuales de su interés. Si su proximidad a la informática es pequeña o ya prescindió de la formación básica correspondiente –diciendo “eso ya no es para mí”- en algún momento en el futuro cercano, será una persona musicodependiente. Necesitará de la asistencia de otras personas para satisfacer sus lógicas aficiones. Este fenómeno ya pasó con los que nos precedieron con el cajero o con los DVD. La diferencia es que lo que antes era un cambio asimilable, que ocurría en 30 años, ahora es cuestión de unos dos o tres años. La creación de dependencias tecnológicas puede superar con facilidad los medios que empleamos en combatirla. 

Pero no sólo existe esta faceta que afecta a la tecnología en cuanto a la mejora global en el diseño, sino que la tecnología también puede aplicarse de forma personal a cada individuo que la necesita en forma de “ayudas técnicas”. Son dispositivos, programas informáticos y aparatos de señalización o localización que potencian las capacidades individuales para lograr objetivos personales imposibles de alcanzar sin recurrir a ellas, es decir reduciendo la dependencia de otros. Queremos insistir en la doble idea de que la discapacidad está condicionada por el diseño del entorno tecnológico en el que nos desenvolvemos –lo construimos nosotros mismos- y que la dependencia depende sobremanera de la voluntad social de emplear la tecnología como un recurso central en lograr una mayor autonomía de todas las personas y de aquellas con diversidad funcional en especial.

Nuestro horizonte como sociedad en esta encrucijada entre la tecnología y el envejecimiento está por ser dibujado. No sabemos muy bien cuáles serán  los nuevos parámetros de la sociedad tecnológica y envejecida como la nuestra, pero el panorama puede ser muy distante de lo que imaginamos, y con una gran repercusión en la capacidad productiva y una organización social muy distinta de la que tradicionalmente hemos entendido. En Euskadi -con la población más envejecida del mundo después de Japón- tenemos una oportunidad y unas capacidades importantes, si enfocamos a tiempo y con decisión este tema de ser una referencia internacional en el uso y fabricación de la tecnología social. No hay forma de dar cobertura a los derechos reconocidos a las personas con diversidad funcional, sin un enfoque intensivo en la lucha por la autonomía personal basada en un desarrollo tecnológico potente del diseño universal y las ayudas técnicas a través de la capacitación tecnológica de nuestra sociedad y de la reorientación de los mercados de nuestras empresas en particular.  


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